Epidemia del mal uso de la inteligencia emocional

Sin duda, la inteligencia emocional ha tomado una gran relevancia desde que se volvió popular a mediados de los años 90 del siglo 20.

Una y otra vez, se ha observado como las personas que tienen un alto coeficiente de inteligencia emocional son elementos muy valiosos en las empresas, o bien, proveedores de bienes y servicios que responden muy bien a las presiones de un trabajo cada vez más demandante.

Hace poco, escuchaba como para un puesto público, el alcalde de una gran ciudad, por ejemplo, ponía como el primer y más importante filtro para su personal el que tuvieran un alto coeficiente emocional.

Y, para la mayoría de nosotros, efectivamente, la gente con estos atributos reduce los ambientes “tóxicos” en términos laborales.

Sin embargo, poco se ha hablado de lo delicado que está siendo el mal uso de la inteligencia emocional, desde aspectos como la manipulación que puede sobrepasar cualquier medida informática o de ciberseguridad como lo es la ingeniería social hasta el hackeo social que describí en detalle en uno de mis podcasts tiempo atrás.

 Y, lamentablemente, en tiempos recientes, el abuso en la manipulación sentimental puede hacer que las personas hagan acciones incluso en contra de su propia lógica o razón.

La manipulación

El primer peligro a observar en personas capaces de controlar sus emociones es que tienen la capacidad de poder disfrazar sus verdaderos sentimientos. Por igual, cuando tienes el talento para entender lo que otros pueden sentir, es muy fácil poder “tocarles el corazón” y obligarlos a actuar en contra de su propia voluntad. ¿Has estado en una conferencia donde la persona que habla ha dado un mensaje muy emocionante y motivador? La posibilidad de que desees hacer un escrutinio a detalle de lo que dijo puede haberse diluido porque lo sentiste “amable, cercano, bello, emocionante” y tu razón se vio opacada, y no te interesa entender si lo que dijo es o no verdad.

Esta situación, en la que las personas o líderes nos “deslumbran” con su forma de comunicarse, lo cual ocasiona que no actúe la razón de quien los escucha tiene incluso un nombre como efecto llamado el “awestruck effect” en inglés o el “efecto de asombro”. Este hecho ha sido muy bien explotado por grandes oradores que en realidad son desde dictadores hasta tiranos malditos. En estos casos, la audiencia nunca se puso a investigar en detalle todo lo que escucharon, por el simple hecho de haber sido manipulados en sus emociones.

Motivaciones personales

En pocas palabras estas personas que tienen el don del liderazgo pueden secuestrarnos por completo la capacidad del razonamiento. Esta gente, es egoísta, y únicamente satisface sus intereses a costa de los demás. En pocas palabras, las personas que gozan de un alto coeficiente emocional, pueden ser maquiavélicos, pueden usar sus habilidades de manejo de emociones para llegar a aplastar a otras personas y hacerlas sentir vergüenza de sus propios sentimientos.

Estos líderes son muy hábiles en persuadir a sus colaboradores en hacer algo que originalmente no quieren hacer por poderles “romper el corazón” con buenos argumentos, por solo dar un ejemplo. Donde ellos queden muy bien a costa de hacer que los demás hagan algo.

Conclusión: no en todos los casos aplica la inteligencia emocional

La relación entre un trabajo bien desempeñado y la inteligencia emocional “debería” de ser buena en todo tipo de trabajo, pero la realidad ha demostrado que esto no es necesariamente cierto.

En realidad, solo en aquellos trabajos donde es importante poner atención a las emociones en efecto, la inteligencia emocional es muy productiva y poderosa, como es el caso de ciertos ejecutivos de ventas, de corredores de bienes raíces o de ejecutivos de centros de atención de llamadas.

Este tipo de personas va a poder navegar mejor el estrés, las emociones, molestias y casi siempre se notará una actitud de calma y buena actitud.

Pero en aspectos muy “fríos” donde las emociones son prácticamente irrelevantes, no es necesariamente buena la inteligencia emocional, tal como en personas atendiendo temas de alta tecnología o ciencia, mecánicos reparando maquinaria o equivalente, pueden ver a las emociones más como distractores que como un valor agregado.

Por ello, no debemos asumir que la inteligencia emocional es el remedio a todo.


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