Aprendiendo a reconocer cuándo ya no hay oportunidad de negocio

En la realidad actual (ya no me gusta referirme a estos tiempos como “el nuevo normal”) no hay tiempo que perder. Cuando menos así lo veo yo.

La velocidad de los negocios ha cambiado. El transportarse a una reunión o viajar a un lugar remoto para actuar se ha sustituido en gran medida por reuniones virtuales, con diferencia de segundos entre una y otra, siendo estas 2 o 3 veces más que las que se tenían en persona.

Esto ha obligado a tener nuevas disciplinas.

Así, el que no llevaba una agenda y/o lista de pendientes ya lo hace. El que era impuntual ya no lo puede ser tan fácil. Es más, el sentimiento generalizado es que se tienen tantas interacciones al día que se ha reducido el tiempo para planear, para hacer estrategia, para pensar y a veces hasta para hacer las mismas propuestas de las reuniones que se tienen pues hay tantas que para el momento que terminan es de noche, muy noche, el cansancio nos gana y en la mañana siguiente hay más reuniones.

Y con esto, los usos y costumbres de negocios, han cambiado por igual, con alta probabilidad, para siempre.

Todavía hay una que otra persona ejecutiva que tiene apoyo de asistentes y les llevan sus agendas. Pero, en lo que se comentan los pendientes, y surgen nuevos, la supuesta junta un día tiene que moverse a otro, porque, simplemente se agendó en segundos algo nuevo a esa hora.

Entonces, la eficiencia operativa ha dado surgimiento a una serie de nuevos aplicativos, que permiten compartir tu agenda (sin revelar su contenido, solo cuando puedes estar disponible y cuando no) y de esta forma la o las personas con las que tendrás esa reunión pueden por su propia cuenta agendar una sesión cuando tu tienes disponibilidad y, en el acto no solo se agenda para todos, sea cual fuere su sistema de agendas, sino que, por igual ya tienen la información para entrar a una sesión web ese mismo día.

La mayoría de las personas con las que interactúo han recibido este tipo de herramientas con gusto, por ahorrarle a todos tiempo, y evitar el ir y venir de correos de “¿cuándo puedes?” pues tal día… “no ese día no puedo… ¿puedes tal otro?” y, así, el ir y venir de correos o mensajes improductivos cuando todo podía quedar en un minuto o menos. Todos, menos los que empiezan a perfilarse como los clientes que debo de dejar, los negocios que nunca serán, los proyectos que serán inalcanzables.

Si, una característica real hoy, es que, las personas que se sienten desde ofendidas hasta malamente sorprendidas por herramientas de eficiencia, que le permiten al prospecto o cliente y sus colegas poder agendar algo con un externo, esto porque de forma interna una persona del lado del cliente si puede ver la disponibilidad de los integrantes de una reunión y a la par emplear el sistema de agendamiento que menciono, y así cuadrar para todos una cita, es algo que en vez de ver con buenos ojos “les quita tiempo valioso” o “no tienen porqué hacer esa chamba estando tan ocupados”.

La esencia de ese comentario en mi caso es clara. No se adaptaron a una agilidad diferente. No entienden que el ir y venir de correos entre varias personas toma más distracción y tiempo que “ensuciarse las manos” y gestar en segundos lo que toma días, horas, y si es algo increíble varios minutos. No entienden que, la suma de digamos hacer esto 6 veces al día por 5 días demora menos de 30 minutos, a la flojera de hacer esto en 2, 3 o 4 veces más tiempo.

Peor, lo que muchos ofrecemos hoy en día tiene que ver con agilidad, con reducir pasos y tener resultados más precisos en menos tiempo. Para esas personas esta eficiencia puede ser “me vas a llenar de más trabajo”. Leíste bien… ven la posibilidad de más clientes y más negocios con más ingresos y más utilidades como algo dañino para su negocio, siguiendo la lógica de la molestia por ganar eficiencia.

Esa característica, el no deseo de eficiencia en la realidad actual, es para mí, la claridad de que basta otra empresa de su competencia que haga lo contrario a ellos, que, si vea la eficiencia como algo a desear, los que se comerán su mercado.

No, no se trata de que los ejecutivos se pongan a hacer labores “primitivas”. Pero si se trata de que si existe la promesa de aumentar la rentabilidad, crecer la base de clientes y negocios y hacer más con menos, el que no se ajuste a eso, en principio es una empresa o persona con la que alguna vez en el pasado tal vez hice cosas increíbles, pero hoy, ya no estamos en la misma línea, y lo que venga ni va a ser rápido, ni va a ser eficaz y seguramente nos hará perder el tiempo a todos.

¿Mides la eficiencia y eficacia de la interacción con tus clientes y/o proveedores? Yo sí, y con los que estoy logrando resultados muy buenos es con los que precisamente valoran estas características como algo que mejora su tiempo, su rendimiento y sus proyecciones. Es una nueva característica dentro de mi proceso de precalificación, y si no se valora, no tiene caso continuar. No habrá negocios para ellos ni para mi empresa.

¿Tú qué opinas?


4 respuestas a “Aprendiendo a reconocer cuándo ya no hay oportunidad de negocio

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