
He participado en muchas reuniones donde se explica algo que en realidad nadie entiende y nadie preguntó nada, como si hay más miedo en verse como alguien que no entendió a realmente entender.
Siento que mucha gente inteligente no pregunta para proteger su reputación, y esto es en mi opinión muy peligroso. Y es peligroso porque al tomar decisiones delicadas a las que se les asigna inclusive un presupuesto, puede que sus responsables prefirieron no decir nada y dejar que esa iniciativa suceda sin la certeza que se esperaba que proporcionaran precisamente los que no preguntaron nada.
En otros casos he estado en reuniones donde alguien usa un término técnico, todos asienten y nadie pregunta. Minutos después descubres que cada persona entendió algo distinto.
Definiendo a la persona que pregunta “idioteces”
Salvo en casos en los que se pregunta para molestar, o para no hacerse responsable de algo, la persona que pregunta idioteces en mi opinión no es nada ignorante, es quien se atrevió a preguntar lo que otros callaron.
Es esa persona que acepta públicamente no entender algo, y por consecuencia, prefiere aprender en vez de “aparentar”.
Su imagen es secundaria, pero ganar claridad es primario. Más que no ser inteligente, no tiene preocupación por proteger su ego.
Así, vemos que hay personas que prefieren verse inteligentes, aunque no entiendan. Y otras que aceptan verse ignorantes para realmente aprender.
Lo que pasa con frecuencia en ambientes corporativos y el falso entendimiento
Dependiendo de la empresa, hay muchas que “premian” a los que parecen estar informados sin preocuparse por saber si realmente entendieron. Así en el ambiente de informática al que pertenezco, por ejemplo, basta con nombrar acrónimos (yo les digo “tecnonerdismos”) o metodologías, o “buzzwords” que aparentan que quien las dice tiene una jerarquía superior.
Cuando una de estas palabras aparece, es raro que vea a alguien que pregunte qué significa eso que se dijo, tal vez, en “secreto” consultan rápidamente en su buscador favorito, y eso es solo, tal vez.
Y así, el silencio de esa junta con esas “palabrotas” se mantiene en silencio, pero a la vez se mantiene en un alto grado de incomprensión, todo esto por miedo al “qué dirán si yo pregunto que es eso…”.
Veo que va a ser más frecuente entre más altos ejecutivos o puestos estén en esa reunión, convirtiendo la inteligencia corporativa en una especie de actuación.
Ventajas estratégicas de ser “el idiota”
En primer lugar, se aprende más rápido y se pueden así detectar inconsistencias más rápido que otros colegas, esto por entender los fundamentos y no solo el vocabulario.
A la hora de tomar decisiones se tendrá como consecuencia mayor claridad y se ejecutará todo mejor porque realmente se comprendió todo desde su raíz.
Si llegas a preguntar, obligas a los expertos a explicar con precisión, evitando así errores de asumir incorrectamente.
Al tener conversaciones serán siempre más honestas y el efecto se empieza a contagiar entre otras personas que a su vez pierde el miedo a preguntar, así es, “el idiota” de la junta libera del miedo a los demás que no iban a preguntar.
¿Qué pasa si se opta por aparentar entender?
Si hablamos de tecnología, las empresas comprarán herramientas que ni entienden y por consecuencia ni usan.
En ambientes de ventas muchos clientes no preguntan por temor a verse desactualizados, y por eso mejor no compran.
Los consejos de administración donde no se pregunta terminan por aprobar iniciativas que están plagadas de dudas, todo porque ningún directivo no quiso admitir que no entendió.
Teorías y conceptos que dan respaldo al “idiota”
Son varias y muy conocidas. Dentro de las principales encontramos:
- Intellectual Humility: La capacidad de aceptar que uno no sabe algo. Asociada a mejores decisiones y aprendizaje continuo.
- Psychological Safety: Amy Edmondson es una voz destacada en el campo de la seguridad psicológica, conocida por popularizar el término a través de su innovadora investigación sobre equipos de alto rendimiento. Los equipos de alto desempeño permiten preguntas sin humillación.
- Dunning-Kruger: A veces quien menos sabe es quien más aparenta certeza.
- Beginner’s Mind: La mente abierta aprende más rápido que la mente obsesionada con proteger reputación.
- Sócrates: “Solo sé que no sé nada.”
El “límite” de la idiotez
Lo que debe quedar muy claro es que una cosa es preguntar y otra es no prepararse. Así como la ignorancia honesta es 100% válida, la flojera intelectual no puede disfrazarse de ignorancia.
Así, hay diferencia entre preguntar por aprender y preguntar porque nunca se investiga nada.
Por otro lado, preguntar para llamar la atención, verse protagonista o sabotear no aplica.
El objetivo es evitar la ignorancia sin miedo para aprender rápido y no para mantenerse de forma cómoda en un estado permanente de no entendimiento.
Conclusión
El problema no es parecer ignorante, sino que las organizaciones y sus líderes castiguen la honestidad intelectual.
Al preguntar puede sentirse incomodidad en la junta, puede retar las jerarquías de quienes deben responder y hasta exhibir faltas de conocimiento, pero, gracias a esto también pueden evitarse errores enormes.
Ser la persona “idiota” en la junta no habla de que esa persona es la menos inteligente, más bien es la que de verdad quiere entender, porque al final, preguntar algo ‘tonto’ puede ser incómodo… pero tomar decisiones fingiendo entender puede salir carísimo.