
Ya para esta época esperaba que las personas tuvieran más criterio en el manejo de su información personal, en especial sus datos biométricos, como su cara. Me equivoqué.
Solo basta un efecto viral en el que las personas aceptan que se procese su imagen personal e incluso incluyendo a su gente cercana creando una imagen de caricatura.
No quiero ser un aguafiestas en este sentido, pero a diferencia de una contraseña, que puedes cambiar, no puedes cambiarte la cara.
Al someter libremente tu imagen y la de tus seres queridos que ni idea tenían, te pones a ti y a todos ellos en peligro.
El peligro es que tu imagen, tus patrones, tus características se han digitalizado. Si caen en manos de personas o empresas mal intencionadas, pueden usar tus datos para suscribirte a lo que no quieres y en casos peores a hacer operaciones de tipo legal, financiero o de salud sin tu aprobación.
Cuando estudian tu entorno, si, donde te tomaste la foto, presumiendo tus preferencias, tu afinidad política, el fondo de tu casa, en fin, todo lo que te rodea, das más información y demografía tuya. Permites que te perfilen aún más, todo sin decir una sola palabra.
Es absurdo pensar que si un desconocido te toma una fotografía o video en la calle, lo más seguro es que te vas a molestar. Pero tú, de forma amable, te tomas el tiempo para hacer de ti una caricatura y a la vez darles a millones de personas toda la posibilidad de volverte su producto o servicio, porque como siempre dice el dicho: “si el servicio es gratis, el producto eres tú”.
Dentro de los riesgos más claros de esto están:
- Deepfakes: (aquí más detalle) donde te pueden suplantar biométricamente.
- Entrenamiento de IA: donde los modelos que te usen dominarán tus expresiones, gestos y movimientos.
- Bases de datos biométricas: Tu cara se vuelven una serie de vectores faciales y mapas biométricos matemáticos que no se pueden cambiar ni borrar
- Reventa de conjuntos de datos: Están recolectando a millones de personas para luego vender todo esto para entrenamientos militares, sistemas de vigilancia o hasta una base de datos donde seas identificable en todo el mundo.
- Ataques futuros: Cuando en unos años todo esto que hiciste se te olvide, la tecnología que te capturó se habrá mejorado y podrán simularte con mucha precisión
- Riesgo legal: Podrán usar tu cara para fraudes, propagandas en las que no quieres participar o hasta contenido ilegal. Al tratarte de defender, será muy difícil probar que el que hizo algo realmente no eras tu.
- Destruir el futuro de niños: Se conoce como Sharenting y padres y seres queridos suben fotos de sus niños, sin su aprobación, dejando su identidad biométrica expuesta para toda su vida.
Y lo peor es que no es fácil darle a esto marcha atrás.
- ¿Leíste las condiciones del sitio donde te caricaturizaste?
- ¿Viste y entendiste lo que pueden hacer con tu imagen e información?
- ¿Entiendes que hasta tu localización geográfica puede ser parte de lo que regalaste así nada más?
No, no creo que lo hayas hecho, menos que siquiera se te haya ocurrido, como tampoco sucede cuando presumes tu dedo pintado demostrando que participaste en un proceso electoral, regalándole a todo el mundo tu huella digital, si, esa que te identifica como único (lee de eso aquí).
Ahora bien, puedes preguntarte si subir tus selfies y fotos a redes sociales implica el mismo riesgo que esta tendencia de caricaturas conocida como “Ghibli”. La respuesta es no. No es lo mismo subir una selfi a redes sociales que usar apps que te convierten en caricatura. En redes muestras cómo te ves; en estas apps ayudas a crear un modelo biométrico de tu rostro. Una foto te expone; un modelo digital puede replicarte sin que tengas control.
Mira, el daño ya está hecho, solo resta avanzar a partir de ahora a tener claro que hacer eso de ser procesado por la inteligencia artificial y convertirte en una caricatura, puede provocarte problemas impensables en cualquier momento de aquí en adelante.
Simplemente, NO LO HAGAS.