
Algo que siempre me ha sorprendido son la gran cantidad de muertes de personas que buscando sus 5 minutos de fama se toman una selfi en un sitio peligroso, o en general hacen algo que pone en riesgo su vida, muchas veces muriendo al hacerlo. Solo Entre 2008 y 2021, al menos 379 personas murieron intentando tomarse selfies en situaciones de riesgo, y según reportes posteriores esa cifra habría crecido aún más hasta alrededor de 480 muertes a finales de 2024. Esto quiere decir que, en términos promedio reciente, se registran aproximadamente más de 40 muertes por año relacionadas con selfies peligrosas en el mundo (fuente: EuroWeekly news)
Y si bien tengo que reconocer que no he visto nunca que una marca se asocie a una desgracia como la que describo, si veo como los sistemas de incentivos de las plataformas premian la atención, sin importar que se trate de una tragedia.
Y así, muchas personas mueren intentando capturar una imagen o video extremo. Detrás de cada muerte podemos ver la lógica de la economía donde se monetiza la atención. En esencia esto no es un problema individual, es un problema de incentivos.
¿Por qué sucede esto?
Todo inicia buscando algún tipo de riesgo extremo, debido a que solo así se provoca y logra la atención de las personas.
Esa atención provoca un gran alcance de personas que tienen un determinado perfil o preferencia de este tipo de contenidos.
Y logrando el alcance puede darse la monetización para el pseudo influencer haciendo locuras y por igual de anunciantes que se colocan en ese tipo de perfil.
Cuando el contenido se “agota” todo el ciclo se repite, buscando la siguiente locura extrema.
Y debo aclarar que yo nunca he podido constatar que ninguna marca busque poner en riesgo a nadie. Tampoco he visto que haya una sola plataforma o red social seria que esté diseñando o queriendo que la gente haga cosas peligrosas y mucho menos que se muera. Lo que si es un hecho es que el sistema actual en todos los casos recompensa lo extremo.
¿Hay alguien responsable de esto?
Yo dividiría la responsabilidad en niveles, siendo en orden de relevancia los siguientes:
Nivel 1
En realidad, el primer problema es de las personas que hacen esto. Yo veo que siempre tuvieron la alternativa de ni hacerlo, por lo que, en principio, es una decisión totalmente personal.
Nivel 2
Lamentablemente, la cultura de la validación está a todo lo que da hoy en día, y solo veo que esto empeora. Y claro, sentir validación tiene implicantes en el ego de cualquiera muy poderosas. Lo lamentable es que se busque un camino ridículo para esto, en vez de destacar en actividades deportivas, culturales, profesionales, empresariales o científicas. Es pues un camino fácil a la validación el pensar menos en el peligro y hacer disparates.
Nivel 3
Y aclaro que como consecuencia de todo lo anterior, las marcas y empresas por supuesto otorgarán incentivos indirectos cuando algo se viraliza, pero insisto, esto es algo ya después de que sucedió, y nunca, nunca he visto que una marca fomente ni directa ni indirectamente a que alguien haga un acto extremo.
Nivel 4
Finalmente, llegamos al “campo fértil”: las plataformas. Allí se distribuye todo, y, lamentablemente los algoritmos se hacen de “la vista gorda” ya que por diseño digamos que por lo menos no bloquean o castigan que este tipo de situaciones de gente desequilibrada suceda.
En mi opinión, hay un tema ético en marketing de métricas promocionales que están muy cercanas a lo que se incentiva o, dicho de otra forma, por lo menos no se regula o se descarta.
Señales de alerta de un “extremista”
No hay muchas reglas concretas, pero el sentido común podría aplicarse aquí cuando se nota un riesgo progresivo en el contenido de alguna persona, que además, está obsesionada con las “métricas” de sus publicaciones.
Muchas de estas personas han estudiado a los algoritmos para que se puedan “montar” sus contenidos mejor en ellos de tal suerte que viralicen mejor sus acciones.
Lo peor es que esto desata a ortos grupos de personas con esas intenciones y se inicia una especie de competencia por la espectacularidad.
¿Qué hacer para parar todo esto?
Tengo que dividir las posibles acciones en tres grupos.
Marcas
Si verdaderamente quieren desmotivar acciones peligrosas en las personas tienen que contemplar incorporar cláusulas explicitas de “anti-riesgo”, expresando que su marca no se asociará con personas haciendo locuras.
Asimismo, podrían decir que se premiarán mucho más las métricas de calidad que las métricas de alcance. Aquí aplica no llegar a más personas sin a mejores perfiles de personas.
Finalmente, podrían hacer notar que no se asociarán nunca con contenidos que sean extremos por más alcance que tengan
Plataformas
Si de verdad quieren evitar este tipo de mal actuar de las personas propensas a ello deberían de modificar sus algoritmos y políticas indicando la desmonetización automática si se observan riesgos evidentes en el actuar de los creadores de contenido.
Asimismo, establecer claros códigos de conducta de lo que está y no está permitido como contenido sujeto a alcanzar a grandes audiencias.
Audiencias
No considerar y hasta eliminar referencias, likes, menciones y demás formas de expresión cuando se trate de actos imprudentes, cambiando así para siempre lo que se debe y no se debe “celebrar”.
Conclusión
El problema no es el “influencer”. El problema es quitarle relevancia a lo extraordinario y premiar más lo prudente.
Mientras estar en riesgo genere likes, el riesgo irá en aumento.
La pregunta no es quien tiene la culpa…
La pregunta, es, qué se está incentivando…