
Mi empresa cumplió ayer 37 años en la industria.
El proceso es simple, inicia con el cambio en mi firma de correo agregando un año más.
Y a partir de allí, mi idea es compartir algo que tiene que ver con esos 37 años.
Sin duda ha habido cambios muy importantes en la tecnología, en los negocios y en la forma de conducir las empresas.
Si bien, como siempre he dicho sucede una nueva economía, también hay viejas reglas que siguen vigentes.
Sin embargo, este año me hice una pregunta: ¿qué sigue sucediendo por los últimos 37 años en los negocios que no ha cambiado y que no es bueno?
Y esto es de lo que quiero enfocarme este año, lo cual logré agrupar en 6 categorías y 37 puntos diferentes que te expongo:
1. Errores de “mindset” o forma de pensar (la raíz de todo)
- Soberbia: En todos los niveles, esta situación degrada a las personas, los equipos de trabajo y a la empresa en su totalidad. Esta situación ha provocado que empresas exitosas y/o sus ejecutivos, alguna vez en la cima, pierdan la razón y caigan para nunca poderse levantar de nuevo. Tristemente, la soberbia sigue vigente desde siempre.
- Miedo al cambio: Nos sentimos cómodos con lo que aprendimos y no damos oportunidad a algo nuevo y diferente. Lo curioso es que cuando lo hacemos, ya demasiado tarde, nos aborda la culpa del ¿por qué no lo hicimos antes?
- Escalamiento de compromiso: Ridículo, eso de seguir invirtiendo en algo por el simple hecho que ya existe en vez de reemplazarlo por completo o modificarlo por algo mejor y más eficiente.
- No saber decir no o no quiero o no lo necesito: Simplemente, no lo entiendo. Si no quieres comprar algo, di no. Si no quieres tener una cita, di no. Si no es necesario lo que te sugieren, di no. Si no es contigo, di: no es conmigo. Sin embargo, en vez de un no muy rápido que ahorraría tiempo a todos o no contestas, o no dices no y en vez de eso das una esperanza.
- Ignorar señales débiles hasta que es tarde: Muchos cambios en tendencias, tecnología, liderazgo o negocios no siempre suceden de golpe. Hay pequeños indicios. Lo malo es que esos indicios se desechan hasta que todo es demasiado tarde.
- Decisiones basadas en intuición disfrazada de experiencia: Sucede en especial a partir de puestos gerenciales en adelante. La intuición, el “sexto sentido”, la “esperanza” no pueden ser considerados algo estratégico. Si es experiencia, debe de darse siempre el contexto, para asegurar no caer en los puntos anteriores y asegurar que esa experiencia sigue siendo válida y vigente. ¿Imagínate que alguien con mucha experiencia hace 50 años siga conduciendo los negocios sin considerar los avances tecnológicos por ejemplo?
- No cuestionar lo que “siempre ha funcionado”: Odio este aspecto. Casi siempre sucede que de forma muy tardía reconocen el error y cuando se perdió mucho o todo reconocen el problema de seguir apostándole a la obsolescencia o terquedad.
2. Distorsiones en la toma de decisiones
8. Decisiones por jerarquía, no por evidencia: Eso de que “porque es la directora o el director” no es razón necesaria ni suficiente para que se haya tomado la decisión correcta. Si se es un buen directivo se busca la opinión y muchas veces la recomendación de los subordinados.
- Evitar conflictos necesarios: Así es, a veces un conflicto a tiempo salva las utilidades, ventas y negocios completos. El saber que hay algo mal y no traerlo a la mesa es un acto cobarde, inclusive egoísta. Y recuerda, si no lo haces a tiempo, tu propio empleo puede estar en juego.
- Premiar lealtad sobre capacidad: Conocido también como las personas “lame botas” provoca que una sola persona o pequeño grupo de personas caigan en la distorsión de pensar que siempre están en lo correcto por no ser cuestionados. Tener personas leales sin ser capaces es una receta de fracaso prácticamente siempre.
- Castigar el error en lugar de aprender de él: Imposible no equivocarse si se v a hacer algo ambicioso o diferente. Pésimo si las personas que lo decidieron hacer son castigadas o regañadas. Esto solo asegura que no habrá cambios, ni progreso. Se trata de que, si hubo un error, se reconozca, corrija y avance.
- Falta de accountability real: No puede haber un solo proceso ni capacidad de ejecutar nada si alguien no se hace responsable de algo. Dejar los temas “al aire” para ver quien lo hace es garantía de no llegar nunca a nada.
- Delegar sin contexto ni responsabilidad: Si una posición de liderazgo hace esto, simplemente no puede ser un líder. Explicar a profundidad, asegurar el entendimiento, mostrar la relevancia del trabajo por hacer son los mejores motivadores que dan inicio a una ejecución impecable.
3. Fallas de ejecución (donde se pierde el negocio)
14. Confundir actividad con resultados: Hacer algo no es lo mismo que sucedió algo como resultado de ese hacer. La actividad es parte de un proceso. El resultado es la conclusión de un proceso.
- Reuniones sin propósito ni decisiones: Esto es uno de los aspectos de negocios más espantosos. Son un ejercicio del ego de alguien, de tirar el talento humano y el tiempo a la basura. Toda reunión debe de tener muy claro lo que se persigue como su consecuencia o jamás tener esa reunión.
- Proyectos que nunca mueren: Esto es abrumador. Un proyecto no puede ser un pozo sin fondo, simplemente se planteó mal desde un inicio. Es la causa de la desmotivación y desgaste de las personas que se sienten atrapadas más que motivadas.
- Sobre reaccionar a la urgencia y olvidar lo importante: Si no se establecen prioridades bien medibles, todo toma el valor de urgente y se desgasta la empresa en su totalidad.
- Falta de seguimiento disciplinado: Sin seguimiento o su automatización, no puede haber avance. Las personas se acomodan a solo hacer algo cuando se les pide en vez de cuando deben de actuar.
- No cerrar ciclos (proyectos, clientes, decisiones): Todo debe tener un inicio y un fin, sin buen manejo del tiempo, toda caduca o se pasa del tiempo óptimo para que suceda.
- Confundir velocidad con dirección: ¿Recuerdas los chistes de “rapidez o exactitud”? es claro que la exactitud es la dirección, sin eso por más velocidad se llegará a cualquier parte muy rápido, pero no a donde se quiere ir.
4. Ilusiones estratégicas y de gestión
21. Montarse en las olas de tecnología sin estrategia: El principal indicador de que se está haciendo esto es cuando se decide usar tecnología por una “moda de mercado”, esto es, porque “todo mundo lo está haciendo”. El resultado siempre es algo equivocado o no óptimo.
- Planeación estratégica que nadie ejecuta: El objetivo de la planeación estratégica es la ejecución. Sin asignar quien hace qué y con qué recursos, eso no es “estrategia”, es perder el tiempo.
- KPIs desconectados del negocio: Los KPIs deben de surgir de una interacción entre lo que se desea para el negocio con las personas a cargo de la ejecución. Si no se involucran equipos interdisciplinarios para fijar los KPIs sucederán deformaciones diferentes, desde que los KPIs se dan y no sirven de nada hasta KPIs que son imposibles y solo frustran a las personas.
- Sobre ingeniería para problemas simples: Hay más de una forma de resolver algo, y al involucrar a expertos en la ejecución con expertos en la estrategia se podrán ver buenos resultados, o cuando menos resultados reales.
- Subestimar la ejecución frente a la estrategia: Si se hace una buena estrategia, se debió de pensar en cómo ejecutarla. El único camino al éxito de una empresa es una ejecución con disciplina de la estrategia.
- Cambiar de prioridad cada trimestre: Ni el mercado, ni los clientes, ni las industrias se preocupan por aspectos artificiales como las “prioridades de cada trimestre”. La prioridad es lo que permite hacer que los clientes logren sus objetivos de negocio.
- Creer que más tecnología = mejor negocio: La tecnología es simplemente un catalizador de las estrategias y procesos de negocios. Pensar en que son un fin es una receta segura de fracaso.
- No entender costos reales vs. Percepciones: Las métricas instantáneas que van midiendo los costos es lo que permite evitar desviaciones. Basarse en suposiciones es una receta de muerte empresarial.
5. Desconexión con el cliente y el mercado
29. Mercadotecnia basura: Hemos pasado hace ya varias décadas el pensar que mercadotecnia es promoción. Mercadotecnia es hacer crecer al negocio más allá de donde se encuentra. Sin hacer esto, pensando en que llenar una sala de gente (que no le interesa de lo que se habla y no va a comprar nada) no puede ser considerado un éxito mercadológico, lo mismo que miles de visitas a un sitio de internet, donde no se cierra nada. La mejor métrica de una acción mercadológica es un resultado del incremento de las ventas y/o la utilidad.
- Métricas a modo que no responden a la ejecución: En pocas palabras, esto solo provoca frustración ya que la gente se preocupa por cumplir con la métrica en vez de asegurar los resultados.
- No entender lo que el cliente necesita: O no se le escucha, o simplemente ni se le da la opción de ser escuchado, y se da el producto o servicio como se desea, pero no como el cliente lo requiere.
6. Cultura organizacional tóxica (lo que perpetúa todo)
32. Necesidad de brown nosing le gana a los críticos: Las personas que se la pasan exaltando lo increíble que es su jefa o jefe, sin cuestionarlos, solo hacen que el ego de sus líderes crezca, pero no sus ventas ni sus clientes. No aceptar la crítica de valor de los miembros del equipo, o peor aún verlo como una ofensa es señal de que esa persona no merece una responsabilidad de liderazgo. Los aduladores son basura organizacional.
- Sociabilizar es sinónimo de emborracharse: Es parte del punto anterior, “el club de Toby” como se le conoce, donde una persona con posición de liderazgo solo apoya a su “grupito” de aliados que además son incompetentes, hace que las personas talentosas huyan de ese negocio.
- La vieja guardia quejándose de la juventud: Pésimo pensar así. Todos fuimos jóvenes incomprendidos en algún momento, y todos los jóvenes son el nuevo mercado. O se respetan sus intereses e inquietudes y se les toma en cuenta, o no puede haber un negocio de largo plazo.
- Silos organizacionales que bloquean valor: Algunas áreas tuvieron su razón de ser alguna vez, pero, eso puede ya no ser vigente. Se deben de quitar todas las estructuras que entorpecen que el valor suceda, sin importar cuan antiguas son. Sui no aporta valor, no sirve.
- No documentar y depender de personas clave: Este es el sinónimo de que cuando no hay procesos, las personas se vuelven procesos. Nadie debe de ser “clave” y todo debe de expresarse en procesos de negocio con sus debidos responsables, que si fallan pueden ser reemplazados porque existe la documentación para entender las tareas a realizar.
- Cultura de “no pasa nada”: Todas las empresas que dejaron de existir usaron esta frase minimizadora de una catástrofe por venir. Si la escuchas, es una señal de emergencia.
Conclusión
Y así, veo como estos 37 puntos de los 37 años de ASISTE® se repiten como si fueran patrones.
Lo más incómodo no es que todo esto exista, es que, si siguen sucediendo, es porque a alguien o algunos les funcionan, y les funcionan muy bien.
Entonces, la pregunta es, ¿los ves o… eres parte de ellos? Piénsalo y actúa en consecuencia.